El perro que mató al oso de Elvis

El dóberman que vigilaba la colección a la que pertenecía el juguete del rey del rock se vuelve loco y lo destroza a mordiscos.
No hay trabajos rutinarios, sino trabajadores desmotivados. A pesar de los años que llevaba de guardia de seguridad en el museo Wookey Hole Caves, el vigilante Greg West no podía hacer su ronda diaria sin acariciar a "Mabel". El osito de peluche de Elvis Presley no era, en efecto, uno más entre el millar de plantígrados felpudos que se exponen en este centro privado de la tranquila localidad de Wells, en el condado de Somerset. Por algo estaba valorado en 60.000 euros. West se acercaría al juguete, con toda seguridad, tarareando en su mente aquello que interpretaba el Rey del Rock: "Déjame ser tu oso de peluche, nena, ponme una cadena en el cuello y llévame a donde tú quieras". Y en un abrir y cerrar de mandíbulas, "Barney", su dóberman, quizá aludido por la letra de la canción, le arrebató el muñeco de un bocado y comenzó a masticarlo ante el espanto y la impotencia de su compañero humano. "Se volvió loco. No había forma de quitárselo", aseguró este jueves con desesperación un responsable del museo. Al parecer tardaron más de 20 minutos en convencer a "Barney" de que soltara la cabeza de "Mabel". Para cuando lo consiguieron, el guardián infiel la había emprendido con otros ositos menos famosos, pero también de alto valor económico y sentimental.
Celos o malos olores.
Los cuidadores no se explican qué pudo provocar de esta manera a un perro que hasta el momento había cumplido su labor de forma irreprochable. Piensan que pudo ser algún olor desagradable que desprendiera la pieza, o bien que sufrió un ataque de celos al contemplar la ternura que su amigo Greg le estaba dedicando a aquel tipejo con bufanda roja. Lo cierto es que Benjamin Slade, el dueño de la colección, que había comprado a "Mabel" por 40.000 libras en una subasta de Memphis, se quedó sin él.
Lo más triste del caso es que sir Benjamin y el director general de la exposición, Daniel Medley, son los responsables indirectos de la tragedia, al haberse dejado convencer por la compañía de seguros de que piezas tan valiosas debían ser vigiladas por perros.
"Barney" ha sido despedido. Hubo quien propuso que se le mandara a vigilar el Hotel de los Corazones Rotos. Al final irá a una granja a perseguir gallinas. "¡Y que no regrese!", suplica Medley. Un millar de ositos de peluche se han unido a su ruego.
