La historia de la Cruz de Jesús

Elena buscó un madero en un pajar y lo encontró. Siglos después, la Santa Cruz se convirtió en un negocio redondo.
No es ningún secreto que Jesús, el hijo de Dios, murió en la cruz, en una de madera ubicada en el monte Gólgota. Tras el tormento, la cruz fue enterrada en ese mismo lugar, junto a los crucifijos en los que perecieron los dos ladrones. Allí permaneció el madero durante siglos hasta que alguien tuvo la idea de buscarlo. Ese alguien fue Elena, madre del emperador romano Constantino. Aburrida de despachar los asuntos del Imperio y de lidiar con obtusas leyes de Derecho Romano, un buen día marchó a Tierra Santa cargada de moral y optimismo. ¿Su objetivo? Hallar la Cruz de Cristo, aún cuando ésta llevaba 300 años enterrada en vaya usted a saber qué lugar del Gólgota. En otras palabras, Elena iba a buscar una aguja en un pajar... y lo más curioso es que la encontró -la aguja y la cruz- lo que le valió el merecidísimo título de Santa
El problema fue que no halló una sola cruz, sino las tres antes citadas, de ahí la necesidad de buscar un método para separar el grano de la paja, es decir, de discernir cuál era el crucifijo bueno y cuáles los malos. Sumergida Elena en un mar de dudas, la providencia quiso que por el lugar discurriera una comitiva fúnebre con muerto y todo. Ni corta ni perezosa, la Santa mandó extraer el cadáver y posarlo sobre las tres cruces para que, de alguna extraña forma, se averiguara cuál era la auténtica. Aquel era el día de suerte de la romana -y de los familiares del finado- pues, al tocar una de las cruces, el muerto resucitó y ya no hizo falta proseguir con el entierro.
Elena había encontrado la cruz auténtica, la Vera Cruz en la que Cristo había fenecido y, para más inri, ésta era capaz de hacer milagros. La hija de Constantino se limitó a dividir la cruz en tres fragmentos: uno marchó a Roma con ella, otro se quedó en Jerusalén y, un tercero viajó a Constantinopla. Lo que ignoraba la Santa es que había creado un monstruo comercial pues, en los siglos siguientes, el tráfico de fragmentos del santo madero alcanzó dimensiones, nunca mejor dicho, bíblicas.
Tal fue la demanda de trocitos que, aún cuando el crucifijo no dio más de sí, los trozos de madera seguían aflorando para satisfacer las peticiones de reyes, iglesias y monasterios que querían ganar fama y prestigio a costa de tan notable reliquia. A día de hoy, se dice que hay tantos fragmentos de la Santa Cruz repartidos por el mundo que, si se unieran, podría construirse con ellos una iglesia entera. Uno de ellos, el más grande existente sobre la faz de la tierra, se halla a unos 300 kilómetros de donde nos encontramos, en el monasterio de Santo Toribio de Liébana, Cantabria. Si éste es verdadero, falso, copia, original o tiene propiedades curativas, lo ignoramos. Eso, sólo Dios lo sabe.

MIGUEL ANGEL LOPEZ RIVERA dijo
LA PAGINA QUE CONTIEN LA HISTORIA DE LA CRUZ SE ME HACE MUY INTERESANTE MAS SIN EMBARGO NO ME PARECE ABUNDANTE EN LA INFORMACION AY CABOS QUE QUEDAN SUELTOS Y NO SE ABUINDA CON EL TOPICO PARECERIA QUE FALTA INFORMACION AL RESPECTO Y MAS EXPLICITA PERO SI ME SE ME HACE MUY MUY INTERESANTE MI NOMBRE ES ISIDROLOPEZ RIVERA VIVO EN TABASCO MEXICO
30 Marzo 2009 | 08:10 PM