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4 Agosto 2006

La gota de Carlos V


La demostración se ha realizado con modernas técnicas paleopatológicas que han analizado un dedo del poderoso emperador, tal y como escriben hoy los investigadores españoles en la revista científica «New England Journal of Medicine».
Cinco siglos después de su muerte, la Ciencia ha podido confirmar que Carlos I de España y V de Alemania padeció unos terribles ataques de gota y una severa artritis que influyeron decisivamente en su reinado. Sus médicos diagnosticaron su mal a los 28 años, aunque nunca pasó de una mera sospecha clínica. Un equipo de investigadores del Hospital Clínico de Barcelona ha confirmado que el gran emperador tuvo gota en su forma más severa, un mal que pudo acelerar la abdicación de Carlos V y su retiro al monasterio de Yuste, en Cáceres.

La demostración se ha realizado con modernas técnicas paleopatológicas que han analizado un dedo del poderoso emperador, tal y como escriben hoy los investigadores españoles en la revista científica «New England Journal of Medicine». La falange, momificada de forma natural, se encontraba en una pequeña caja en la Sacristía del Monasterio de El Escorial, en Madrid. A su muerte, Carlos V fue enterrado en el Monasterio de Yuste como era su deseo, pero en 1574 sus restos fueron trasladados al monasterio madrileño, y su dedo apartado del resto del cuerpo.

Al conocer la existencia de ese pequeño cofre, los investigadores del Clínico emprendieron los trámites para realizar los análisis que les permitieran confirmar si el emperador fue gotoso, asmático, tuvo diabetes o murió de malaria, como afirman sus historiadores. La falange del quinto dedo de una de las regias manos viajó de Madrid a Barcelona en el cofre original de terciopelo rojo para someterse a las técnicas más modernas de análisis. El estudio que se publica ahora es el primero de una serie de trabajos con los que los investigadores catalanes quieren conocer los padecimientos del emperador. Una información que ayudará a comprender mejor algunos de los acontecimientos históricos de aquella época.

De la falange no se pudo obtener ADN, sí se realizaron estudios con microscopía electrónica, rayos X y métodos bioquímicos hasta descubrir los cristales de ácido úrico, característicos de la gota. El hallazgo fue «excepcional», cuenta Jaume Ordi, investigador de Anatomía Patológica del Clínico de Barcelona. «Cuando se estudian restos tan antiguos se puede deducir la presencia de problemas como la gota por las alteraciones producidas en el hueso; lo difícil es encontrar los cristales de ácido úrico, la evidencia directa», explica.

Articulaciones muy dañadas

El dolor no abandonó a Carlos V. Sufrió con intensidad y ese dolor marcó muchas de sus decisiones . «La articulación de la falange básicamente no existía y los daños se habían extendido a los tejidos blandos cercanos. Apenas podría mover el dedo y es más que probable que los depósitos de ácido úrico estuvieran en otras articulaciones», asegura Ordi.

El estudio español recuerda que el poderoso monarca se veía obligado a permanecer en una silla, especialmente diseñada para apaciguar los dolores de sus articulaciones. En una de las cartas dirigidas a su hija María de Hungría, fechada en 1532, ya le describe sus «ataques de gota» y en 1553 es incapaz de escribir a Felipe II de su puño y letra. «Esta carta no está escrita por mí... los pequeños agujeros -probablemente úlceras- de mi pequeño dedo se han abierto de nuevo», escribió a su heredero.

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